martes, 21 de febrero de 2017

Los Principios de la Naturopatía de H. Benjamin

Notas autobiográficas de Harry Benjamin contando como se inicio en la Naturopatía. Estas notas autobiográficas, donde Harry Benjamin nos cuenta como fueron sus comienzos en la práctica de la Naturopatía, aplicándosela el mismo a sus problemas de salud, básicamente sus problemas que la visión que tuvo desde pequeño. Notas autobiográficas recogidas en el prólogo de su libro, traducido al español, con el nombre “Recupere su visión sin gafas”.

“Como nada resulta tan convincente como la propia experiencia personal, creo que será del interés de los lectores de este libro el que lo preceda un breve esbozo autobiográfico.

Es muy breve y carece de cualquier intento de adornar el modo en que, casi llegado al valle de las sombras de la ceguera, pude salir de él gracias a los métodos descritos detalladamente en los siguientes capítulos.

Mi éxito en la superación de la terrible incapacidad a que me enfrentaba infundirá, espero, a todas las víctimas de una visión defectuosa la esperanza de obtener un auténtico beneficio con estos métodos revolucionarios de entrenamiento de la vista.

Desconozco si realmente nací corto de vista o no, pero el hecho es que en mi primer día de escuela —a la edad de cuatro años— se descubrió que mi visión era defectuosa y aconsejaron a mi madre que se preocupara de que examinaran mis ojos.

Por ello, me llevaron al Westminster Ophthalmic Hospital, donde tras el examen pertinente me diagnosticaron una miopía extrema; me prescribieron unas gafas de -10dioptrías, con lo que empecé a utilizarlas a la edad de cinco años.

Seguí haciendo visitas periódicas al hospital para comprobar el «progreso» de mis ojos, y cada dos o tres años me cambiaban mis gafas por otro par más potente; hasta que a la edad de quince años me encontré llevando unas gafas de -14 dioptrías.

Durante todo ese tiempo seguí la educación ordinaria, logrando ver lo bastante con las gafas para hacer mis tareas escolares, y finalmente abandoné la escuela para hacer el servicio civil.

Cuando tenía diecisiete años se produjo la crisis; me había acostumbrado a estudiar mucho —tenía deseos de convertirme en alguien importante algún día—, pero de repente se desarrolló una hemorragia en mi ojo izquierdo. Se vio afectado al mismo tiempo mi estado general de salud y tuve unos ganglios cervicales muy grandes, algunos de los cuales me fueron extirpados, junto con las amígdalas. 

En el hospital descubrieron que mi vista había empeorado mucho, y me exigieron que dejara de trabajar durante seis meses para que mis ojos descansaran. Las gafas que me prescribieron entonces eran de -18 dioptrías, -4 dioptrías más potentes que las anteriores.

Las utilicé durante todo el período en diversos empleos gubernamentales, pero en1918 me aconsejaron que abandonara totalmente el trabajo de funcionario, pues corría el peligro de perder la visión. Este consejo, dicho sea de paso, me lo dio un especialista de Harley Street.

De acuerdo con esa sugerencia, busqué una ocupación conveniente en el exterior, pero sólo pude encontrar una que ofreciera alguna posibilidad: la de agente viajante de comercio.

Era la última cosa en el mundo que deseaba ser, pero las necesidades pueden más que nada, por lo que me convertí en viajante de comercio.

Me inicié con uno o dos pasos en falso, pero por suerte para mí encontré un patrono que me entendió y simpatizó conmigo, permitiéndome proseguir con mis estudios en filosofía, psicología y ciencias políticas —esto último era lo que más me interesaba—, lo cual iba en parte en detrimento de mis actividades de viajante.

Durante aquel tiempo hacía visitas anuales a un especialista, quien gradualmente, año tras año, me manifestaba que mi vista iba de mal en peor —a pesar de mi actividad exterior—, hasta que a la edad de veintiséis años me prescribió las gafas más potentes para mí:

Ojo derecho: -20 sph. -3 cyl. 170 ° - Ojo izquierdo -20,5 sph. -3 cyl. 170 º

Al mismo tiempo me dijo de modo bien claro que no podía hacer nada más por mí, que debía abandonar completamente la lectura, mi mayor placer, y ser muy cuidadoso para que no se me desprendieran las retinas de ambos ojos debido a una tensión inesperada.

Una entrevista muy agradable, ¿verdad? Sin embargo, seguí como de costumbre viajando por todo el país, alojándome en los mejores hoteles y teniendo gran éxito en mi ocupación — gracias a la amabilidad de mi patrono para conmigo—; pero el pensamiento de tener que pasarme el resto de mi vida privado de libros, y el peligro de ceguera total que tenía ante mí, constituía un telón de fondo para mis esperanzas y aspiraciones que estaba muy lejos de animarme.

Seguí con las visitas anuales a Harley Street, donde siempre era «consolado» por el informe del especialista, hasta que a la edad de veintiocho años comprendí que probablemente mis ojos no soportarían mucho más. Perdía vista rápidamente; a pesar de las poderosísimas gafas que llevaba, me resultaba muy difícil leer o escribir nada. Me dolía la cabeza al menor intento de mirar algo fijamente, y comprendí que tenía que realizar algo drástico... ¿Pero qué? ¡El especialista ya me había dicho que no podía ayudarme!

En marzo de 1926 decidí abandonar el trabajo —que me estaba produciendo unos ingresos respetables— e irme a vivir al campo. En esa época precisamente se produjo el milagro.

Un amigo me dio un libro para leer, o mejor dicho para que me lo leyeran —pues ya no era capaz de leerlo por mí mismo—, titulado Perfect Sight Without Glasses, de W. H. Bates, oftalmólogo neoyorquino. El hermano de ese amigo había puesto el método en práctica, consiguiendo que mejorara mucho su vista, según me dijo. Me llevé el libro a casa, donde me lo leyó mi hermano, y comprendí de inmediato que la opinión del doctor Bates con respecto a la causa de la visión defectuosa y su curación era correcta; lo sabía instintivamente.

Comprendí que el especialista de Harley Street y la hueste de oftalmólogos y oculistas que llenaban el mundo de gafas estaban equivocados; y que el doctor Bates tenía razón.

Las gafas no podían «curar» nunca la visión defectuosa; más bien eran causa del empeoramiento de los ojos, en tanto en cuanto siguiera llevándolas no había posibilidad de volver a conseguir una visión normal. Era necesario prescindir de las gafas inmediatamente y dar a los ojos la oportunidad de hacer lo que estuvieron necesitando hacer todo el tiempo: ver, actividad que había sido impedida realmente por las gafas

Visité a un practicante del método Bates, que vivía en el West End de Londres, con el fin de averiguar el mejor medio de aplicación de los principios del doctor Bates, abandoné mi trabajo, abandoné mis gafas —tras veintitrés años de llevarlas— y me dispuse a reeducar mis ojos para que pudieran ver.

¡Imaginen cómo me sentía cuando me las quité por primera vez! Apenas podía ver nada, pero pocos días después comencé a mejorar, y en un corto período de tiempo podía manejarme perfectamente sin problema alguno. Como es de esperar, aún no podía leer —de hecho tardé un año en alcanzar esa etapa—, y eso sólo lo conseguí después de ponerme en contacto con otro practicante del método Bates que vivía en Gales.

Había estado viviendo en una casa de huéspedes vegetarianos de Cotswolds —en aquella época llevaba algún tiempo siendo vegetariano—, pero mis ojos, aunque mejoraron cuando inicié el método Bates, se negaban a responder más.

Tras conocer a aquel joven, decidí acudir a Cardiff para permanecer con él unas cuantas semanas y seguir sus directrices.

En seguida me propuso una dieta sensata de curación natural —fruta, ensalada, etc. —, y me tomó en sus manos activamente. En pocos días mis ojos comenzaron a mejorar, y al cabo de una semana era capaz de leer unas cuantas palabras. Al final de la tercera semana fui capaz de leer —muy lenta y dolorosamente— mi primer libro sin gafas.

Hace ya dos años y medio que dejé las gafas y ahora puedo leer y escribir perfectamente. No poseo una buena visión desde lejos, pero veo lo suficiente para moverme por todas partes con facilidad y comodidad. Mi salud y aspecto personal son infinitamente mejores que nunca, y me complace decir que con la ayuda y el consejo que me dio mi amigo, el practicante de Cardiff del método Bates, he tomado la determinación de practicar la Naturopatía.

Con ese fin he estudiado mucho para familiarizarme con la teoría y la práctica de la curación natural, y privadamente he realizado un curso bajo las órdenes de uno de los Naturópatas de Londres mejor conocidos.

A partir de entonces he practicado los métodos naturales para el tratamiento ocular.¡Qué contraste con mi posición de hace tres .años! ¡Qué triunfo para los métodos de tratamiento de la Naturopatía!” 


Harry BENJAMIN. Londres, 1929

Principios fundamentales de la Naturopatía

En 1936, H. Benjamin, Naturópata inglés publicó su obra "Everybody`s Guide to Nature Cure", publicada en 1936, donde sentó los que para él eran los principios fundamentales de la Naturopatía:

Primero.- Según Benjamin, el principio más fundamental es "que todas las problemas de salud se deben a la misma causa, es decir, a la acumulación en el sistema de sustancias residuales y desechos corporales que se han ido aposentando en el organismo del individuo en cuestión a lo largo de los años, por causa de hábitos de vida equivocados". Se deduce que "la única causa de recuperar la salud es usando métodos que capaciten al sistema para desembarazarse de estas acumulaciones tóxicas, que obstaculizan diariamente el funcionamiento de la maquina humana"

Segundo.- El organismo siempre procura lograr el bienestar del individuo", de modo que los síntomas de todas las enfermedades agudas (desde los resfriados a las fiebre tifoideas) "no son sino intentos del organismo de eliminar las sustancias de desechos acumuladas (algunas de las cuales son heredadas) que dificultan su buen funcionamiento".

Tercero.- El tercer principio de Benjamin es que "el organismo puede por si mismo operar la vuelta del bienestar normal que denominamos salud, siempre y cuando se empleen los medios adecuados para facilitar su actuación".

Los medios adecuados para facilitar la recuperación del organismo, según Benjamin, que propone la Naturopatía son: el ayuno, la dieta científica, la hidroterapia, las medidas de fortalecimiento corporal e higiénicas en general y la psicoterapia.

Y siguiendo con el proceso de sistematización de la Naturopatía, definiendo su metodología y praxiología, Harry Benjamin introduce, de una forma taxativa, clara y evidente, la psicoterapia como uno de los medios adecuados para facilitar la recuperación del organismo; especificando lo recogido por Louis Blummer en 1917 cuando realiza la primera clasificación de la Naturopatía dividiéndola en Naturopatía Mecánica, Naturopatía Material y Naturopatía Psicológica.

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